García

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Aquella mi mujer, estúpida pero dulce,
trabajándome desde cerca, creaba el amor
en ventanas siempre húmedas de horizonte:
se abalanzaba sobre mí como una pregunta.
Aquella mi mujer siempre amanecía,
y me perdía en su luna cuando me miraba,
abriendo el paraguas de su boca
como una puerta.
En su sexo yo escuchaba latir el mediodía,
me arrastraba por su cuerpo como por el mundo.
no era más yo, sino ella, encendido,
solamente cristal eran nuestros cuerpos.
Aquella mi mujer hoy día ya es historia.
un relámpago de polvo se la llevó de mi lado.
No borrren sus cartones.
Manuel García C. / Santo Domingo








argivo dijo
Hace tiempo conocí una mujer con la cual no había amarres, como la concibe el poeta García en su poema: de pubis angelical. Yo creía llevarla, pero ella era la que me llevaba. Tenía como nombre cielo, y se desapareció de mi vida, sin una palabra, sin un adios...con su vuelo de pajáro como había llegado a mis costados. Qué buen poeta, cochovis, este que traes a tu blog. DE un erotismo y sensualidad sutiles. UN beso encendido en tus pétalos de loto.
17 Diciembre 2008 | 11:17 PM